BAÑO DE DAMAS

Escrito por Isabel y adaptado por Alegría.
Capítulo I:
Me llamo Isabel, soy pelirroja y deportista. Universalmente, el baño o los vestuarios de damas suele ser el lugar predilecto para que dos mujeres "arreglen" sus diferencias. Generalmente las protagonistas lo eligen, porque ahí no ingresan varones que puedan interferir durante la pelea. Existen numerosas historias al respecto que las mismas mujeres se encargan de ocultar al oído de los hombres. Me consta que ello es así. Trabajo como secretaria de presidencia, de una fábrica de alimentos. Tiempo atrás, en mi oficina se extravió un costoso impermeable, su dueña se llamaba Sonia(28), una rubia agradable que es mi amiga. Pronto descubrimos que Alicia(26), una morena insoportable y amante del gerente, se lo había llevado "equivocadamente". Mi amiga se lo reclamó y Alicia, no obstante las pruebas, negó terminantemente ser la autora. Comenzó una discusión donde se empujaron con sus pechos. En ese lugar no había hombres y luego de algunos insultos se desafiaron a concurrir al vestuario de damas para "lavar las ofensas". En el lugar no menos de 6 mujeres observaban y murmuraban ansiosas. Las dos eran atractivas y femeninas. Tal vez de unos 55 Kgs. cada una. Como es de suponer yo y todas las demás, deseábamos que Sonia, le dé una formidable paliza y recupere esa prenda. Alicia, se había hecho odiar, pues como buena amante del gerente también delataba a sus compañeras. Las protagonistas vestían minifaldas muy cortas de color azul y para mayor comodidad se descalzaron y se quitaron las blusas blancas pertenecientes al uniforme. Luego de las conocidas y "picantes" frases que usan las mujeres antes de una batalla, se inició una auténtica pelea a puñetazos. Todas quedamos maravilladas porque las dos sabían emplear muy bien sus puños y conocían donde golpear. Momentos después el rostro de ambas comenzó a mostrar los primeros vestigios del castigo. En ciertas ocasiones cuando una de ellas estaba en dificultades recurría al eficaz sistema de agarrar fuertemente los cabellos de la adversaria, luego la pelea continuaba con los puños. En los primeros minutos no era posible determinar quien ganaría. Pero era notorio que Sonia, llevaba la peor parte, estaba agotada y carente de reflejos. Tenía una fuerte hemorragia nasal y se quejaba de dolores en uno de sus pechos. Mi amiga estaba a la defensiva de espalda contra la pared. Una mueca, mezcla de furia y placer se notaba en la cara de Alicia mientras la castigaba a voluntad. Pronto llegó el final. La morena lanzó una violenta patada que alcanzó las entrepiernas de su adversaria. El golpe había sido definitivo. La rubia gimió y cayó de rodillas frente a los pies de su enemiga. Estaba impotente y todo había terminado, pero Alicia quería ganar por K.O. Entonces con su derecha golpeó la mandíbula y Sonia quedó sin sentido en posición fetal. Todas quedamos muy impresionadas. Momentos después la vencedora se retiró airosa y mi amiga tuvo una semana de licencia médica. Como se comprenderá, el impermeable nunca fue devuelto y el amante de la morena quedó muy orgulloso de ella. Después de esa pelea, el odio contra Alicia aumentó en la misma proporción que el respeto de todas nosotras. Pero seguramente algún día alguien se animará a vencerla en un enfrentamiento "de mujer a mujer". En esa fábrica trabajan unas 20 mujeres y en los vestuarios no era la primera vez que ocurría una riña femenina para dirimir algún problema. Normalmente los hombres ignoraban estos duelos.
Capítulo II:
También soy socia de un importante club privado y precisamente en ese lugar tuve mi primer riña de adulta. El pleito fue por el ex novio de una tenista rubia que ahora yo pretendía. Semanas atrás, por celos nos habíamos desafiado telefónicamente para resolver en el baño de mujeres de ese club, quien era "la mejor hembra para pelear". Yo había prometido ganar y conquistar a ese hombre. Ella también era socia y no se fijó fecha alguna, la pelea tendría lugar en el momento que nos encontremos en ese lugar en forma ocasional. Las dos éramos muy fuertes y de un elevado nivel social. Ninguna superaba los 60 Kgs./25 años. Una tarde, mientras nos duchábamos observé que a metros de mi se encontraba la rubia. Ella también me vio y desnudas como estábamos nos acercamos para hacer prevalecer nuestra femineidad. Luego de recordarnos el desafío pendiente comenzamos a empujarnos con los pechos. Ella, con gruesas palabras prometió que se sentaría en mi cara para hacerme pagar muy caro mi derrota.... La amenaza excitó a una media docena de mujeres que deseaban ver quién sería la humillada y de quién sería ese hombre. De inmediato nos tomamos de los cabellos y nuestras poderosas rodillas subieron varias veces tratando de alcanzar la vulva enemiga con un golpe definitivo. A pesar del empeño puesto en ello, ninguna lo logró y caímos al suelo. Completamente mojadas luchamos ferozmente como gatas bajo las lluvias empleando todas las "artes femeninas" para ganar. Los gritos de dolor y las características de la riña deleitaban a las espectadoras. Ambas contendientes sufrimos diversas heridas y hematomas. Todo terminó 8 minutos después, cuando en un supremo esfuerzo pude sentarme en el estómago de mi enemiga y tomándola de los cabellos le golpeé la cabeza contra el suelo hasta dejarla aturdida. Para bullicio de las demás espectadoras, la rubia capituló y debió reconocerme como la ganadora. Completamente inmovilizada y bajo feroces amenazas de arañarle el sexo la obligué a lamerme los pechos. Por largo tiempo su boca chupó alternativamente mis duros y rosados pezones hasta mi completa satisfacción. ¡Ya no hubo dudas sobre quien era mejor hembra para pelear y quien era la nueva amante de ese hombre...! Luego de la batalla, mi rival dejó de interferir en mi vida privada y logré todos mis propósitos.
Epílogo:
Días después de haber ganado el duelo y aún con mis cicatrices frescas, le comenté a una persona: "Sólo una mujer puede entender el placer que se siente cuando, luego de pulverizar a la rival en una pelea, se la obliga a capitular y se la humilla. Nada se compara con el sublime momento en que la vagina vencedora recibe el semen del hombre conquistado..." Por sí solo, este razonamiento marca las notables diferencias que existen con la mente de los varones.
FIN

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